Janice García Quiroz es Químico Farmacéutico Biólogo, Maestra y Doctora en Ciencias con especialidad en Farmacología por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del I.P.N. Actualmente es Investigadora en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en la CDMX donde dirige proyectos de investigación enfocados en el estudio de nuevos agentes para el tratamiento y prevención del cáncer de mama y cáncer cervicouterino. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y tutor de maestría y doctorado en Ciencias Biológicas de la UNAM. janicegarciaq@gmail.com
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El cáncer cervicouterino es el segundo más frecuente entre las mujeres en edad reproductiva en México. Su principal causa es la infección persistente por el Virus del Papiloma Humano (VPH), del cual existen más de 200 tipos. Algunos causan verrugas genitales, y otros, los llamados “de alto riesgo”, pueden provocar cáncer. De hecho, los tipos de VPH 16 y 18 son los responsables de la mayoría de los casos de cáncer cervical. Este virus actúa a través de los oncogenes llamados E6 y E7 del VPH, que desactivan los mecanismos naturales que tienen nuestras células para detener su crecimiento cuando algo va mal. Así, las células infectadas crecen sin control, evitan morir y pueden transformarse en células cancerosas.
Además, estos oncogenes estimulan la expresión de otro gen llamado KCNH1 que produce una proteína denominada EAG1, la cual se asocia con el desarrollo tumoral.
A pesar de que existen vacuna efectivas para prevenir la infección por el VPH, el cáncer cervicouterino aún sigue siendo un problema de salud pública debido a la alta mortalidad de mujeres que padecen éste cáncer, especialmente en países en vías de desarrollo. Por ello se investiga en nuevos tratamientos que sean accesibles, efectivos, y que no provoquen efectos secundarios graves.
Una de las opciones más prometedoras proviene de la naturaleza: los fitoquímicos.
Los fitoquímicos son sustancias naturales que se encuentran en frutas y plantas. Uno de ellos llamado α-mangostina, se extrae del mangostán, una fruta tropical muy usada en la medicina del sudeste asiático pero que se cultiva también en nuestro país en los estados de Veracruz y Chiapas.
Este fitoquímico ha demostrado propiedades antitumorales y antivirales en distintos estudios. Pero hasta ahora, no se había probado su efecto sobre el VPH y el cáncer cervicouterino.
Nuestro grupo de investigación se dio a la tarea de hacerlo. En pruebas de laboratorio y en modelos animales, descubrimos que la α-mangostina puede detener el crecimiento de células cancerosas, especialmente aquellas con más copias del VPH.
¿Cómo lo logra? Entre otros mecanismos, reduce la actividad de los genes E6 y E7, limita el funcionamiento del canal EAG1, e incluso refuerza el sistema inmunológico. También impide que el virus entre en las células, gracias al aumento de una proteína llamada vimentina. En ratones con cáncer cervicouterino, la α-mangostina logró reducir el tamaño de los tumores y bajó los niveles de los genes relacionados con la proliferación celular, todo sin provocar efectos secundarios.
Nuestros hallazgos sugieren que esta sustancia natural podría ayudar a prevenir la aparición de lesiones precancerosas y convertirse en un aliado importante para el tratamiento de esta enfermedad. Por su origen natural, bajo costo y seguridad, la α-mangostina podría ser una alternativa prometedora frente a los tratamientos convencionales.