Roselio Balbuena, economista de Tecoanapa a Morena

Edduar Roselio Balbuena Hernández quería ser maestro. Esa era su vocación. Su primera opción fue el internado de Ayotzinapa, soñaba con formarse ahí pero terminó en la Facultad de Economía.

Quienes convivieron con él lo describen como un joven leal, crítico, perseverante, disciplinado y reservado. Pero hay algo en lo que todos coinciden: su amor por La Estrella, el pueblo que lo vio nacer, en Tecoanapa. Su anhelo era claro: volver y ser maestro.

Mientras buscaba la oportunidad de regresar se dedicó a construir el partido Morena, donde trabajó hasta su muerte el pasado 11 de febrero a causa de un accidente automovilístico en la carretera Tixtla-Chilapa. Su último encargo fue como secretario particular del dirigente del partido, Jacinto González Varona.

A sus 31 años, con una licenciatura en Economía por la Escuela Superior de Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Guerrero, Roselio era uno de los jóvenes más activos en la dirigencia estatal del partido. Fue amigo y compañero de Jacinto González, a quien conoció en la facultad en 2014.

Roselio era crítico y analítico; sus posturas, a veces, contrastaban con lo que muchos esperarían de un militante. Pero tenía claridad histórica: entendía el país que había vivido y la esperanza que el movimiento representaba. Por eso se sumó. Por eso trabajó sin descanso.

En su pueblo lo recuerdan como el jovencito que siempre iba en bicicleta. Era su compañera fiel para recorrer el camino hasta la secundaria, en La Perseverancia. Más tarde tuvo que viajar hasta Chautipan para cursar la preparatoria. Dejar su pueblo fue una de las decisiones más difíciles de su vida.

Al terminar la carrera solía bromear diciendo: “tócame, que soy economista”. Lo decía entre risas, como quien disfraza el orgullo. Pero detrás de esa frase había una historia de esfuerzo: la batalla contra la pobreza, contra las limitaciones, contra las tentaciones de abandonar. Vivió en casa de estudiante, comió en el comedor universitario y resistió.

En 2021 ingresó al Comité Ejecutivo Estatal de Morena. Antes, desde 2018 se integró a ayudar a coordinar la logística de los eventos de la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Organizaba actividades, coordinaba la logística de asambleas y repartía el periódico Regeneración.

Fue pieza clave en la estructura administrativa del Comité: organizaba eventos, asambleas, reuniones y participaba en la defensa del voto durante los procesos electorales.

Conocía cada detalle. Por eso rara vez aparecía al frente en las fotografías. Prefería el trabajo detrás del escenario. Algunos decían que huía del protagonismo; en realidad, confiaba en los procesos y en la fuerza colectiva.

“Siempre andaba atento a todos los detalles”, recuerdan. Podía dirigir una actividad, colocar una lona, barrer el espacio, acomodar sillas o repartir periódicos. No había tarea pequeña cuando se trataba de servir.

En las actividades territoriales era el primero en llegar y el último en irse. No importaba si la gira era en la Montaña, en la Sierra o en la Costa. Ahí estaba Roselio, organizando, resolviendo, acompañando.

Y, sin embargo, nunca ambicionó una curul ni un cargo público. No soñaba con ser funcionario ni representante popular. Su plan era otro, mucho más íntimo y sencillo: volver a La Estrella, dar clases, construir un patrimonio y formar una familia.
Ese era su verdadero proyecto de vida.

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