La riqueza vegetal de Guerrero y su estudio científico frente al cáncer

Euclides Avila Chávez es Químico Farmacéutico Biólogo, Maestro en Ciencias Químicas con especialidad en Bioquímica y Doctor en Ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Investigador en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en la CDMX donde dirige proyectos de investigación enfocados a la regulación de la expresión genética por hormonas esteroides y por prostaglandinas en modelos de tumores de importancia ginecológica como son el cáncer de mama y el cervicouterino. Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, docente en la Facultad de Química de la UNAM.y tutor de maestría y doctorado en el programa de Posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM.

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Los productos naturales y la herbolaria han sido parte de la historia de la humanidad desde tiempos antiguos. En muchas regiones del mundo, especialmente donde el acceso a servicios médicos es limitado, las plantas medicinales siguen siendo una de las primeras opciones para atender problemas de salud. Su uso no solo se debe a su disponibilidad, sino también a la confianza que las comunidades han depositado en ellas a lo largo de generaciones.


México es un país especialmente rico en plantas gracias a su gran diversidad de climas y paisajes. Selvas, montañas, costas y zonas semiáridas permiten el crecimiento de miles de especies con distintos usos. Además, el conocimiento heredado de los pueblos originarios ha mantenido viva una tradición que forma parte de la identidad cultural del país. Esta herencia no solo tiene valor histórico y social, sino que también ha despertado el interés de la ciencia, ya que muchas plantas contienen sustancias que podrían tener beneficios para la salud.

En el estado de Guerrero, esta tradición está muy presente. Su territorio combina selvas tropicales, sierras y regiones costeras, lo que favorece una amplia variedad de plantas medicinales. Pueblos como los nahuas, mixtecos, tlapanecos y amuzgos han conservado el conocimiento sobre su uso, transmitiéndolo de generación en generación.

Entre las especies más utilizadas en Guerrero se encuentran el árnica mexicana, la manzanilla, la hierbabuena, el epazote, la ruda, el estafiate, el tepezcohuite y la sábila. Estas plantas se emplean para aliviar dolores estomacales, reducir inflamaciones, atender heridas o mejorar la digestión. Generalmente se preparan en forma de infusiones, pomadas o aplicaciones directas, según la costumbre local.


En años recientes, también ha crecido el interés por el posible uso que algunas plantas podrían ofrecer frente a enfermedades graves como el cáncer. Es muy importante aclarar que ninguna planta sustituye los tratamientos médicos especializados. La cirugía, la quimioterapia y la radioterapia siguen siendo los métodos comprobados para tratar esta enfermedad. Sin embargo, algunas personas utilizan remedios tradicionales como complemento, con la intención de aliviar molestias, mejorar el apetito o fortalecer el ánimo durante el tratamiento contra el cáncer.

Dos de los recursos vegetales que más atención han recibido son el cuachalalate, y el árbol de la guanábana.


El cuachalalate es un árbol que solo crece de forma natural en México. Se desarrolla principalmente en zonas cálidas y secas, como la selva baja caducifolia. En Guerrero se encuentra en regiones como la cuenca del Balsas y en laderas montañosas. Desde hace muchos años, su corteza se utiliza para tratar problemas digestivos, infecciones y heridas.

En investigaciones realizadas en laboratorio y en animales, algunos componentes de la corteza han mostrado la capacidad de frenar el crecimiento de células tumorales en condiciones controladas. También se ha observado que esos componentes podrían mejorar las defensas naturales del cuerpo. Aunque estos resultados son alentadores, todavía no existen estudios suficientes en personas que confirmen de manera clara y segura estos efectos. Por ello, no puede considerarse un tratamiento efectivo contra el cáncer.

Por su parte, el árbol de la guanábana es una especie tropical que crece en climas cálidos y húmedos. En Guerrero se encuentra sobre todo en zonas costeras y regiones bajas. Además de su fruto, que es ampliamente consumido, se han utilizado sus hojas y otras partes con fines medicinales. Al igual que ocurre con el cuachalalate, estudios en laboratorio han mostrado que ciertos compuestos de la guanábana afectan el crecimiento de células cancerosas en condiciones experimentales y en algunos casos, estos compuestos han logrado frenar su multiplicación e incluso provocar su muerte. Sin embargo, estos resultados no significan que la planta cure el cáncer en personas ya que aún se requieren estudios clínicos para confirmar su seguridad y eficacia.


En Guerrero existen otras plantas a las que se les atribuyen propiedades contra tumores, pero en la mayoría de los casos la evidencia proviene de investigaciones iniciales. Lo que funciona en un laboratorio no siempre produce el mismo efecto en el cuerpo humano. Además, cada persona es diferente y puede reaccionar de manera distinta. También es importante señalar que algunas plantas utilizadas por la población no crecen necesariamente en Guerrero, sino que se adquieren en mercados y provienen de otras regiones.

La creencia de que algo “natural” siempre es seguro no es correcta. Algunas plantas pueden ser tóxicas si se consumen en exceso o pueden interferir con algunos medicamentos. En personas que reciben tratamiento contra el cáncer, el uso de remedios sin supervisión médica puede generar riesgos. Por ello, siempre se recomienda informar al médico sobre cualquier producto natural que se esté utilizando. El acompañamiento profesional ayuda a evitar efectos secundarios y a tomar decisiones más seguras.


Además del aspecto de la salud, existe otro tema importante: la conservación de las plantas. En el caso del cuachalalate, la parte más utilizada es la corteza. Si esta se retira de manera incorrecta, el árbol puede morir. En algunas regiones de Guerrero, la alta demanda ha reducido ciertas poblaciones silvestres.

Aunque el cuachalalate no está catalogado como especie en peligro crítico a nivel nacional, sí requiere un manejo responsable. Para protegerlo, se recomienda evitar quitar toda la corteza del tronco, realizar extracciones parciales que no dañen al árbol, promover su cultivo en viveros y apoyar programas de reforestación comunitaria. De esta manera, se puede mantener el equilibrio entre el uso tradicional y la conservación del entorno natural.
Tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, la herbolaria en Guerrero representa un valioso patrimonio cultural y natural. Plantas como el cuachalalate y la guanábana han despertado interés científico por sus posibles efectos en estudios preliminares, pero aún no sustituyen los tratamientos médicos comprobados.

El respeto por la tradición, la investigación responsable y la orientación profesional son fundamentales para aprovechar estos recursos de forma segura y sostenible.

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