Resistencia a los antibióticos: un desafío silencioso

Gabriela Hernández Silva es Bióloga, Maestra y Doctora en Ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente trabaja en el Departamento de Biología de la Reproducción en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, CDMX. Sus trabajos de investigación se enfocan en estudiar el efecto que tienen algunas moléculas del tracto reproductor masculino y femenino en la fisiología de los espermatozoides. Tutora a nivel licenciatura. Contacto: gabriela.hernandezs@incmnsz.mx

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El uso de los antibióticos revolucionó la medicina al permitir el control de numerosas enfermedades infecciosas y, con ello, salvar millones de vidas en todo el mundo. Sin embargo, en la actualidad, su uso indiscriminado y sin supervisión médica está generando una amenaza creciente: la resistencia bacteriana.

Los antibióticos son medicamentos diseñados para eliminar o inhibir el crecimiento de bacterias causantes de infecciones. La era de los antibióticos comenzó en 1928, cuando el científico Alexander Fleming descubrió la penicilina. Observó que una sustancia producida por el moho Penicillium era capaz de destruir colonias de Staphylococcus aureus, lo que marcó un antes y un después en la historia de la medicina.

El éxito de la penicilina, especialmente en el tratamiento de heridas de guerra y neumonía, impulsó a diversas compañías farmacéuticas a desarrollar nuevos antibióticos a gran escala. Para finales de la década de 1940, estos medicamentos ya eran accesibles para la población general. Los antibióticos pueden administrarse por vía oral, tópica o inyectable. No obstante, su prescripción debe realizarse únicamente bajo supervisión médica. Es fundamental recordar que no son eficaces contra infecciones virales, como la gripe o el resfriado común.

El uso inadecuado, la interrupción prematura de los tratamientos y la automedicación han favorecido la aparición de bacterias resistentes. Como consecuencia, estos microorganismos desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a la acción de los medicamentos, disminuyendo su efectividad. Esta situación representa una grave amenaza para la salud pública mundial, ya que complica el tratamiento de infecciones.

Un análisis que reunió información de 204 países reveló la magnitud del problema: solo en 2019, la resistencia bacteriana fue responsable de al menos 1.27 millones de muertes en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S., 2025), ya se ha detectado resistencia a 22 antibióticos de uso frecuente para tratar infecciones urinarias y gastrointestinales. Aunque el impacto no es igual en todos los países, la situación es especialmente alarmante en aquellos países donde los sistemas de salud tienen limitaciones para diagnosticar a tiempo y ofrecer tratamientos adecuados.

¿Qué ocurre en México? En México, durante muchos años fue posible adquirir antibióticos sin receta médica. Aunque desde 2010 se fortaleció la regulación y ahora se exige prescripción, la cultura de la automedicación persiste. Es común que las personas utilicen antibióticos para tratar infecciones virales, suspendan el tratamiento cuando comienzan a sentirse mejor o reutilicen medicamentos sobrantes.

Durante la pandemia de COVID-19 también se registró un uso excesivo de antibióticos, como la azitromicina. En muchos casos, estos medicamentos se recetaron de manera preventiva o se consumieron sin supervisión médica, bajo la creencia de que podían evitar complicaciones. Diversos reportes de la Secretaría de Salud advirtieron que esta práctica pudo favorecer el aumento de bacterias resistentes.

Para frenar este problema es fundamental mejorar la prescripción y el consumo de antibióticos, así como fortalecer las medidas de prevención y control de infecciones.
Estas estrategias forman parte de los Planes Nacionales de Acción impulsados por la Organización Mundial de la Salud.

Ante este panorama, el Instituto Nacional de Salud Pública y diversos hospitales se suman cada noviembre a la Semana Mundial de Concientización sobre el Uso de los Antibióticos, promoviendo campañas informativas para sensibilizar a la población y al personal de salud. Con iniciativas como estas se refuerza el compromiso de enfrentar, de manera conjunta, uno de los desafíos sanitarios más urgentes de nuestro tiempo.

La resistencia a los antibióticos no es un problema del futuro, sino una realidad que ya afecta a millones de personas en todo el mundo. Preservar la eficacia de estos medicamentos depende tanto de decisiones médicas responsables como de los hábitos cotidianos de la población. Usarlos solo cuando son necesarios, completar los tratamientos y evitar la automedicación son acciones simples que pueden marcar una gran diferencia.

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