Más allá de los probióticos, aliados invisibles: el potencial de sus componentes bioactivos en la prevención de enfermedades crónico-degenerativas

Diana Catalina Castro Rodríguez, Química de la Universidad Industrial de Santander, Colombia. Maestra y Doctora en Ciencias en Bioprocesos por el Instituto Politécnico Nacional. Investigadora en Ciencias Médicas, del Instituto Nacional de Perinatología, en la CDMX, donde desarrolla la línea de investigación enfocada en la biosíntesis, análisis y caracterización de alimentos funcionales, tales como los probióticos y prebióticos y su uso en la prevención de enfermedades crónico-degenerativas. Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores. Tutora de estudiantes a nivel de maestría y doctorado del IPN y la UNAM. Docente invitada en el IPN, CINVESTAV, Universidad de Tlaxcala. Cuenta con dos patentes nacionales y una internacional. castrodiana182@gmail.com


En la última década, la población ha volteado la mirada hacia el mundo de los microorganismos. Aunque invisibles, son actores con un gran impacto en nuestra salud. La evidencia científica ha demostrado que las bacterias no son solo agentes de enfermedad, si no también aliadas fundamentales para mantener el equilibrio del organismo.

Entre estas bacterias benéficas se encuentran los probióticos, microorganismos vivos que, al ser consumidos en cantidades adecuadas, confieren beneficios al huésped. Se encuentran de forma natural en alimentos fermentados como el yogur, el kéfir o algunos vegetales. Sin embargo, su importancia no radica únicamente en su presencia, sino en su capacidad de interactuar activamente con nuestro cuerpo, en particular con la microbiota intestinal, un complejo ecosistema que influye en procesos digestivos, metabólicos e incluso inmunológicos.

Durante su crecimiento, los probióticos producen compuestos bioactivos, es decir, sustancias capaces de interactuar directamente con nuestras células y promover efectos benéficos. Entre estos compuestos se encuentran péptidos (pequeñas cadenas de aminoácidos), los exopolisacáridos (cadenas de carbohidratos complejas), los ácidos orgánicos producidos durante la fermentación, como los ácidos grasos de cadena corta, y unas estructuras recientemente estudiadas llamadas vesículas extracelulares, que actúan como mensajeros celulares. Lo interesante es que estos compuestos pueden ejercer beneficios incluso sin la presencia de bacterias vivas.

De aquí surge el concepto de postbióticos. Diversos estudios han mostrado que pueden modular procesos clave como la inflamación, el estrés oxidativo y la disfunción de la barrera intestinal. Por ejemplo, los exopolisacáridos fortalecen las uniones entre las células del intestino, evitando el paso de sustancias inflamatorias hacia la sangre. Algunos péptidos actúan como antioxidantes, ayudando a reducir el daño celular asociado al envejecimiento o a algunas enfermedades crónicas.

Los ácidos orgánicos contribuyen a regulador el sistema inmunológico, mientras que las vesículas extracelulares se investigan por su potencial terapéutico frente a infecciones. En conjunto, estos efectos favorecen el equilibrio del organismo y ayudan a prevenir enfermedades crónico-degenerativas.

Los postbióticos también representan una alternativa más segura en ciertos casos. En personas con un sistema inmune debilitado, el consumo de microorganismos vivos puede implicar riesgos, ya que el organismo podría identificarlos como una amenaza. Al no contener bacterias vivas, los postbióticos eliminan esta posibilidad.

El uso de probióticos y sus compuestos bioactivos se perfila como una herramienta natural que podría incorporarse en alimentos funcionales dirigidos a reducir el riesgo de enfermedades crónicas, especialmente en poblaciones vulnerables o con predisposición genética. Pero es importante señalar que, aunque los resultados que muestra la ciencia hoy en día son prometedores, aún se requiere de más investigación para comprender mejor sus mecanismos de acción, definir dosis óptimas y entender cómo interactúan con cada individuo. No todos los probióticos son iguales, ni todas las personas responden de la misma manera.

Reconocer el papel de estos aliados invisibles como estrategia terapéutica o preventiva puede transformar la manera en que cuidamos nuestra salud. Lo que alguna vez fue considerado un mundo microscópico ajeno, hoy se revela como una pieza clave para nuestro bienestar.

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