Disruptores endocrinos: cómo el ambiente influye en la fertilidad

Es común pensar que tener descendencia es un asunto estrictamente personal determinado por las decisiones individuales como el proyecto de vida, así como por factores biológicos como la edad o la genética. Sin embargo, el entorno en el que vivimos, particularmente la exposición cotidiana a ciertas sustancias químicas, también influye de manera significativa en la salud reproductiva.

Algunas de estas sustancias pueden actuar como disruptores endocrinos, que son compuestos externos al organismo que alteran el funcionamiento del sistema hormonal. Dado que las hormonas son los mensajeros químicos que regulan funciones esenciales del cuerpo, incluida la reproducción, cualquier interferencia en su acción puede tener consecuencias importantes tanto en la salud de un individuo como en la de su descendencia. Estas sustancias están presentes en productos de uso diario como plásticos, envases de alimentos, pesticidas y cosméticos.

Su capacidad para interferir con el sistema hormonal ha sido ampliamente documentada, y organismos como la Organización Mundial de la Salud han advertido que pueden alterar procesos fundamentales como la ovulación, la producción de espermatozoides y el desarrollo embrionario.


La evidencia más reciente refuerza estas preocupaciones. Diversos estudios han encontrado asociaciones consistentes entre la exposición a compuestos como los ftalatos y los bisfenoles, y el deterioro de parámetros clave del semen como la cuenta espermática, la motilidad y la integridad del ADN. Estos hallazgos coinciden con estudios epidemiológicos que revelan una disminución global en la calidad seminal, un fenómeno en el que los factores ambientales ocupan un lugar central. Aunque las causas de la infertilidad son múltiples, el papel de estos compuestos es cada vez más difícil de ignorar.


En mujeres, los efectos suelen ser más sutiles, pero igualmente relevantes. Investigaciones recientes han mostrado que la exposición a disruptores endocrinos puede afectar la función ovárica, alterar la maduración de los ovocitos y reducir la probabilidad de éxito en tratamientos de fertilidad. Asimismo, se han descrito asociaciones con trastornos como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico y la insuficiencia ovárica prematura. Con frecuencia, estos cambios pasan desapercibidos durante años, hasta manifestarse como dificultades para lograr un embarazo.


Quizá uno de los hallazgos más inquietantes es que los efectos de estas sustancias pueden comenzar antes del nacimiento. Diversos estudios han mostrado que la exposición materna durante el embarazo puede alterar el desarrollo del sistema reproductor del feto. En varones, por ejemplo, se han documentado cambios en la distancia anogenital, considerada un marcador del entorno hormonal prenatal. Además, otras investigaciones sugieren que algunos de estos efectos podrían transmitirse a las siguientes generaciones mediante mecanismos epigenéticos. Esto implica que la exposición actual podría tener consecuencias que van más allá de una sola generación.


A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes. Uno de los principales es que de forma cotidiana estamos expuestos a mezclas complejas de sustancias a bajas dosis. La llamada toxicología de mezclas es un campo emergente que estudia los efectos combinados de múltiples sustancias, y los resultados indican que los algunas combinaciones pueden tener efectos más relevantes, e incluso ocurrir a dosis más bajas, de lo que se asumía al estudiar cada compuesto de manera aislada.


En conjunto, la evidencia científica actual apunta en una dirección clara: los disruptores endocrinos representan un factor ambiental importante en la salud reproductiva. Si bien no son la única causa de alteraciones en la fertilidad y en la salud de la descendencia, reconocer este problema es importante para promover una prevención informada. La fertilidad humana no depende únicamente de nuestras decisiones particulares, sino también del entorno que construimos colectivamente. Y la ciencia, con creciente claridad, nos está mostrando que ese entorno importa más de lo que imaginábamos.

Dra. Mayel Chirinos Espin
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, CDMX.
mayel.chirinose@incmnsz.mx

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.