Crónica de un asesinato

Ricardo Locia es pasante en la licenciatura en Antropología Social, ciencia responsable de llevarlo a reflexionar sobre su entorno y las dinámicas que se desarrollan en él. Es miembro de los colectivos: LGBTI+ Orgullo Guerrero y JOTOS (Juntos y Organizados Terminaremos con la Opresión Sexual).

Para ti querida compañera,
y por todos y todas las voces silenciadas por la violencia:
¡JUSTICIA!

Chilpancingo, Gro.

Los gritos de auxilio salieron de las cuatro paredes de aquel cuarto de hotel… Salieron y al ir avanzando se fueron quedando en esos oídos necios, que más les valió ignorar. A las 3:30 de la madrugada, entre todos los objetos que fueron cayendo mientras te defendiste, tu cuerpo yacía sin vida.

Hasta ese lugar, ya después de que tus gritos de auxilio se habían ahogado, llegaron elementos de la Fiscalía del Estado y acordonaron la zona; los medios difundieron la noticia, unos con información objetiva, otros más con títulos tendenciosos y no faltaron los que ignorando el tema se permitieron opinar.

El asesinato de una persona (en muy pocas ocasiones) no provoca indgancion, sino todo lo contrario: revictimizan a las victimas casi, casi, al punto de justificar su muerte, pero al asesinato de uno de nosotros se le agrega la mofa, entre los dicursos de los machos heterosexuales que en la pregunta tonta que se hacen entre amigos, para saber si estan ‘bien» utilizan un acto de violencia para cotinuar violentando.

Unas horas antes de la madrugada del domingo 8 de noviembre, pase por aquel lugar donde te arrancaron la vida. La calle tenía una soledad tan distinta de un sábado común y corriente por la noche. La poca luz que bañaba era la del alumbrado público; del umbral de aquel hotel, se veía ese color ámbar tan peculiar de los focos; ¿cuántas historias no guardan los hoteles? me pregunté mientras caminaba con el rostro húmedo por el sudor y esa sensación asfixiante que provoca el cubrebocas.

Las Organizaciones de la sociedad civil, que llevan las cifras puntuales de quienes han padecido la cúspide de la violencia, han dicho en muchas ocasiones que las mujeres trans son quienes encabezan sus listas. Es tan alarmante la situación, que los años que se estiman de vida de una mujer trans es de 35.

Desperté el domingo, no queriendo hacerlo. Mi teléfono tenía varias notificaciones. Las ignore. Entre a Facebook y se repetía la misma nota una y otra y otra vez.

Un nudo en la garganta me impidió hablar. Las notas hablaban de un asesinato, pero no decían más, no sabíamos quien había padecido la cúspide de la violencia, eso que muchos les gusta llamar Fobia, pero que yo lo nombró como es: UN CRIMEN DE ODIO.

Mis pensamientos se enredaron. Vinieron a mi las imágenes de la noche anterior: del hotel, de la pregunta que me hice. La mañana pasó lenta, hasta llegar el mediodía. Sentía algo en el pecho, un sentimiento de impotencia y coraje. Lloré de rabia por saber que la impunidad cubriría el caso, por no existir los protocolos idóneos para atender casos tan específicos como son los asesinatos de las poblaciones LGBTI+.

Y quizá más de uno trate de decir que los asesinatos de personas LGBTI+, no son por odio, pero el ENSAÑAMIENTO perpetrado en las víctimas antes y después de haber sido asesinados, tiene un sentido claro de odio; ya sea por los objetos que fueron utilizados para martirizarlos, o las formas en que son abandonados sus cuerpos: sea en un terreno baldío o aventado en un carro en movimiento.

Fui hasta la entrada del hotel, llevaba conmigo una veladora y dos rosas: las deposité ahí donde quizá unas horas antes pasaste con vida. La normalización de la violencia es tal, que el hotel tenía sus puertas abiertas: entraban y salían personas, como si no hubiese pasado nada, solo una camioneta de la Fiscalía, estaba estacionada al frente.

El informe de crímenes de Odio, que año con año presenta Letra S y la Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia estiman que solo el 10.5 % de los casos se valoran como crímenes de odio. Ese porcentaje representa una cifra atroz, que arroja que no hay justicia para las víctimas sino en cambio hay una violencia sistemática que invisibiliza los asesinatos que son una problemática de carácter social, que necesita la atención urgente de los gobiernos.

Frente al hotel repetí y volví a repetir:
¡Ni una más, ni uno más, ni un asesinadx más!

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