Corrupción y Derechos Humanos

Hipólito Lugo Cortés tiene una licenciatura en Derecho, maestría en Ciencias, Área de Derecho Público, y estudios de doctorado en Derechos Humanos. Es coordinador de la Oficina en Guerrero de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Fue secretario ejecutivo, secretario técnico, visitador general, y presidente del Comité para la Investigación de la Desaparición Forzada de Personas. También se desempeñó como presidente interino en la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero.

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Esta semana es de relevantes acontecimientos en temas alusivos a la corrupción y a los derechos humanos, pues el 9 de diciembre es el “Día Internacional Contra la Corrupción” y el 10 el “Día de los Derechos Humanos”.

Respecto al “Día Internacional Contra la Corrupción” que se conmemora a partir del 2003, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres expresa que la corrupción amenaza el bienestar de nuestras sociedades, el futuro de nuestros hijos y que debe ser combatida por todos, pues la corrupción es criminal e inmoral, y representa la máxima traición a la confianza pública.

Destaca que es aún más perjudicial en tiempos de crisis, como la propiciada por la pandemia por el COVID-19, ante el desvío de recursos que debían estar destinados a personas que se encuentran en su momento de mayor necesidad.

Por lo que el objetivo primordial de conmemorar este día es el de propiciar la sensibilización respecto a esa deleznable práctica, que resulta carente de valores que sin duda afecta negativamente a toda la sociedad.

Resulta esencial promover la prevención y la lucha contra la corrupción, y para esto es prioritaria la rendición de cuentas y los principios de transparencia en el manejo de recursos públicos.

Es necesario abandonar la mala práctica de solicitar y proporcionar sobornos, por ejemplo, aún resulta común a un ciudadano el considerar que para agilizar un trámite burocrático, requiere que proporcione una dádiva; o bien, ser parte del clásico diezmo para ser beneficiario a realizar alguna obra pública, solo por hacer referencia a algunas de las distintas formas de corrupción existentes; pero no hay que perder de vista que la corrupción puede darse tanto en la vida pública como en la privada; la erradicación de esta incultura y su sanción deben ser una realidad y sobre todo, dejar atrás esa falsa percepción de ver a la corrupción como algo “natural”.

Ese es el reto en estos tiempos; pero, no seamos ingenuos, la corrupción no se va a eliminar por arte de magia, o por decreto presidencial, y tampoco es verdad la reiterada afirmación gubernamental de que ya no hay corrupción; puesto que se trata de un fenómeno complejo que lacera las principales actividades del ser humano.

Sobre este tema en nuestro país el gobierno federal se ha propuesto asertivamente combatir la corrupción e impunidad hasta su erradicación, y para alcanzar este reto la participación ciudadana es determinante, desde no incurrir en actos de corrupción, hasta presentar las denuncias contra quienes la practiquen ante las instancias competentes y exigir la aplicación de las sanciones penales y administrativas acordes a la ley, donde se privilegien las reglas del debido proceso.

Otro acontecimiento relevante en esta semana lo es la conmemoración el 10 de diciembre del “Día de los Derechos Humanos,” que coincide con la fecha en que la ONU adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948; la trascendencia de este documento se centra en los valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones del mundo, y por establecer principios de igualdad de todas las personas con la misma dignidad y el mismo valor.

Esta Declaración Universal propició la internacionalización de los derechos humanos, y es el basamento moderno de los tratados y convenios internacionales con cuya aplicación se han ido creando y fortaleciendo los estándares también supranacionales en derechos humanos.

Loables acontecimientos que nos dan la posibilidad de sensibilizarnos para cruzar el umbral de malas prácticas y arribar a una mejor sociedad donde impere la cultura del respeto entre unos y otros…de nosotros depende que no sea una utopía.

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