Puccini, el irredento


Abel Núñez Núñez es fundador de la Orquesta de Cámara Juvenil de Chilpancingo y miembro de la Orquesta de Cámara de la Universidad. También es fundador del proyecto de Musicoterapia en la Secretaria de Salud Guerrero, comentarista cultural de diversos medios y asesor en materia cultural.

Chilapancingo Gro. 30-Noviembre-2019

La noche del estreno de la ópera Turandot el gran director de orquesta, Arturo Toscanini dirigía la obra, intempestivamente hizo una pausa, volvió hacia el público y mientras bajaba el telón mencionó con una voz serena y conmovida: «aquí finaliza la ópera, porque en este lugar el maestro ha muerto». Ese maestro era su entrañable amigo Giacomo Puccini, quien se fue del tiempo de la carne para perdurar en el sonido mientras componía su más célebre obra, víctima de un cancer de garganta generado por su compulsiva manera de fumar.

Al día siguiente, las últimas dos escenas de Turandot se presentaron en La Scala, pues Franco Alfano (discípulo de Puccini) la concluyó.

La anecdota de la muerte de Puccini refleja su forma de vivir, atribulada, ensimismada, depresiva, genial. Vivió encerrado entre la noche de su inspiración y la soledad de su mañana, conmovió con su lírica, maravilló con su pasión, hizo presente el caracter y la voz femenina como nadie, porque las mujeres de Puccini designaban el destino de la humanidad a veces por sus caprichos, otras por su amor, quiza también por su dolor, pero ellas eran quienes eran dueñas del porvernir.

Puccini era un iconoclasta, se alejó de las tendencias operisticas dominantes en su tiempo, evolucionaba en cada frase musical, daba sentido a cada nota, pensaba en el público siempre. Su música era variada, llena de infinitas sensaciones; acercó como nadie la música al teatro, mediante una profundidad psicologica y sus abundantes hallazgos escénicos.

Reitero, Puccini no se sometió a algún estilo, irrumpió, fue ecléctico, tomo lo mejor de todo y su legado abruma corazones. Asimilaba y resumía con gran rapidez distintos lenguajes artísticos.

Giacomo Puccini encontró el sentido del tiempo en las pequeñas cosas de las cuales fue un poeta, en su orquestación total, en su vocalidad suprema, en la fusión de los genios que lo inspiraron, en su mea culpa ante su irredenta seducción con la que apresó el alma de una humanidad que hoy lo tiene como un genio absoluto e indispensable.

Un 29 de noviembre de 1924 murió Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini.

¡Carajo!

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