La diversidad sexual y de género: una cuestión de derechos humanos.


Uriel Mena Flores es licenciado en Historia y tiene maestría en Ciencias: Territorio y Sustentabilidad Social por la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). Es integrante del Colectivo LGBT+ Orgullo Guerrero, docente en la Universidad Latinoamericana México y se sumerge en temas de investigación relacionados con la disidencia sexual y de género.

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22-Noviembre-2019

En la década de los años noventa del siglo pasado, el concepto de diversidad sexual fue impulsado a nivel internacional, principalmente, por las organizaciones civiles LGBTI (lesbico, gay, bisexual, trans e intersexual) y por los medios masivos de información, es un concepto que se enmarca en el cambiante escenario político y cultural en el mundo, y cuyo significado actual es la idea de que existe una pluralidad de sexualidades que deben ser respetadas.

A través de la historia, la sexualidad ha tenido las más diversas manifestaciones, no obstante, muchas de sus expresiones actuales, se miran con sospecha, e incluso, hay para quienes resultan aberrantes y hasta peligrosas, porque tales expresiones no tienen como fin la reproducción.

Tal es el caso de las orientaciones sexuales (gay, lesbiana, bisexual, asexual, pansexual); las identidades de género (transgénero, transexual); también las expresiones de género (travesti, transformista, drag queen); la diversidad corporal (intersexual) y la diversidad cultural (muxes).

Mas, las raíces del estigma, de los estereotipos, prejuicios y discursos de odio que se han construido en torno a las sexualidades que se acaban de enlistar, no surgieron de la nada, largo ha sido el proceso por el cual la sexualidad se transformó en discursos de prohibición, inexistencia y mutismo. Esencialmente, la tradición cristiana ha jugado un papel preponderante para la estigmatización e incluso la negación de la sexualidad.

Sin embargo, es por el empuje del movimiento LGBTI, en el plano internacional, que ahora algunos países y organismos internacionales y nacionales reconocen a la diversidad sexual y de género como una cuestión de  derechos humanos.

Por ejemplo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha recomendado a los Estados del globo, “adoptar medidas comprensivas para promover el respeto a los derechos de las personas LGBTI y la aceptación social de la diversidad de orientaciones sexuales, identidades de género y las personas que se ubican fuera del binario hombre/mujer, o cuyos cuerpos no coinciden con el estándar socialmente aceptado de los cuerpos masculinos y femeninos”.

En el caso de México, la Comisión Nacional de los Derechos humanos ha señalado que “la diversidad sexual hace referencia a todas las posibilidades que tienen las personas de asumir, expresar y vivir la sexualidad, así como de asumir expresiones, preferencias u orientaciones, identidades sexuales y de género —distintas en cada cultura y persona. Es el reconocimiento de que todos los cuerpos, todas las sensaciones y todos los deseos tienen derecho a existir y manifestarse sin más límites que el respeto a los derechos de las otras personas”.

Comprender a la diversidad sexual y de género, como una nueva mirada de la sexualidad, implica el reconocimiento, la normalización y la visibilidad de las diferentes formas en las que se relacionan las personas, cuestionando la jerarquización de las sexualidades, impuesta por el orden social establecido.

Pero los cambios a la normatividad social son de larga duración, no obstante, si un Estado nacional pretende establecer un sistema democrático al interior de su territorio, tiene entonces que impulsar cambios necesarios para la construcción de una sociedad más armónica.

Si se garantizan los derechos sexuales de una sociedad, se incluye a las distintas existencias sexuales de las personas; hay mayor conocimiento acerca de la sexualidad; mayor acceso a los servicios de salud sexual; hay respeto por la libre expresión pública del amor y las identidades de género, y se combate a la discriminación por preferencia u orientación sexual; igualmente, hay un reconocimiento de los diferentes tipos de familias, y no sólo el modelo tradicional; y se abre la puerta a cualquier tipo de unión, que no necesariamente implique el matrimonio, ni sea obligatoriamente entre un hombre y una mujer, para lograr la inclusión de lo diferente, el respeto a la diversidad.

Contacto vía Facebook: Colectivo LGBTI+ Orgullo

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