La prolactina produce la leche materna y protege al bebé durante el embarazo

Claudia Verónica Zaga Clavellina es Bióloga Experimental egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, Maestra en Ciencias y Doctora en Ciencias Biomédicas por la UNAM y con un postdoctorado en Inmunología Reproductiva en la Universidad de Kansas en Estados Unidos. Es Investigadora en Ciencias Médicas del Instituto Nacional de Perinatología donde dirige proyectos enfocados en el papel de las membranas fetales y la placenta en la tolerancia inmunológica durante el embarazo. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y tutora de maestría y doctorado en Ciencias Biológicas de la UNAM y en la Maestría en Ciencias de la Salud del Instituto Politécnico Nacional, también es docente de la Facultad Mexicana de Medicina de la Universidad La Salle.

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En términos de salud física y mental, lo mejor que le puede pasar a un bebé inmediatamente después de nacer, es tener la fortuna de ser amamantado por su madre y ofrecerle, a través de la leche materna, toda la protección que necesitará para crecer sano y fuerte, y para que la madre tenga un embarazo sano y pueda tener leche para su bebé una vez que este nace, requiere producir una hormona llamada prolactina, la cual, estimula a las glándulas mamarias y las prepara para producir una leche perfectamente balanceada para cubrir las necesidades de nutrición de su bebé.

Sin embargo, la prolactina no sólo es importante después de que el bebé nace, ya que, además, esta hormona lo protege en el vientre materno para ayudar a que crezca en un ambiente sano y cumpla su periodo de gestación adecuadamente durante al menos 37 semanas.  

Sabemos que durante el embarazo, la principal fuente de prolactina es el útero materno, entonces, lo que sucede, es que toda la prolactina producida ahí, es transportada a través de la bolsa amniótica hacia el líquido amniótico donde está el bebé; esto tiene varios propósitos, uno de ellos es permitir que la bolsa deje pasar la cantidad de nutrientes y agua necesarias para proteger al bebé; además,  al mantener una cantidad adecuada de líquido amniótico, el bebé está protegido de golpes externos, puede moverse libremente en el vientre de su mamá y  todo su cuerpo permanece hidratado, a una temperatura estable y cómoda.

Alrededor de la semana 24, los niveles de prolactina en el líquido amniótico son veinte veces superiores a los de la sangre de la madre y se sugiere que sirve para proteger al bebé de la inflamación que se genera como respuesta ante la presencia de alguna bacteria. La inflamación, aunque es necesaria para defenderse de las bacterias, puede dañar severamente al bebé haciendo que su cerebro y sus pulmones se inflamen y nazca enfermo y con un riesgo alto de quedar con secuelas en su salud o incluso morir.  

Otro momento en el que la prolactina juega un papel clave, es durante el trabajo de parto. Si bien durante todo el embarazo los niveles de esta hormona son muy altos en el suero materno y fetal así como en el líquido amniótico, una vez que el embarazo llega a sus etapas finales los niveles de prolactina comienzan a bajar de manera gradual, lo que es interpretado como una señal necesaria para iniciar el trabajo de parto, lo que permite que la mamá comience con contracciones del útero, el cérvix se dilate y las membranas o bolsa que rodean al bebé se rompan y el nacimiento se dé sin complicaciones.

La prolactina entonces es una hormona que ayuda a mantener al bebé en un ambiente intrauterino sano y garantiza que la madre pueda protegerlo a través de su leche.  Por lo tanto, es muy importante que una vez que una mujer sabe que está embarazada sea atendida en los servicios de salud para monitorear su salud y la de su bebé y así garantizar que éste se está desarrollando correctamente en el vientre materno y poder detectar cualquier problema a tiempo y resolverlo.

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